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20100823

El Lazo Azul

Imagen, www.PlaneBuzz.com

“Soy muy sincero y digo las cosas a como las pienso. No soy de los que se quedan calladas cuando ven algo que no les gusta. Que viva la libertad de expresión!”. Cuántos así conocés?
La historia está atestada de luchadores por la libertad de expresión de varios tipos. Arrancaríamos con Sócrates, o la ‘Areopagitica’ de John Milton, John Stuart Mill en su ensayo ‘On Liberty’. Podríamos citar a Larry Flint defendiendo el editorial de su revista, o los Testigos de Jehová su derecho de compartir su mensaje a otros. De todo ha habido en la viña del Señor, y sigue habiendo. La gente brinca pululante por doquier, amparándose en ese derecho, con un lazo azul por ajuar.
Mas, como con otras garantías, los seres humanos tendemos a extremos y, mucho de algo bueno, se torna malo. Si somos capaces de confundir una bombetada con un ‘ídolo’ también hemos tenido la ligereza de enredar ser social con lo light, la buena educación con la escolaridad, y la autonomía con el libertinaje, la libertad de expresión entonces, es la nueva bastarda del grupo.
Y hablando de chanchadas, a diferencia de Porky, eso no es todo amigos. Tenemos megáfono. Los canales de comunicación, hoy son el confesionario de los llorones. Asomate un rato a las redes sociales, al tele, o al periódico para ver de lo que hablo. Haga la prueba y lea la Nación, o escuche a Amelia Rueda. Hace unos días, vi quejas por que se enzacatara el nuevo Estadio Nacional. Se que esto va a sonar peor que un madrazo, pero parecemos diputados de la asamblea hablando, y no haciendo nada.
Recientemente, ante la muerte de una señora y un bebé por un autobús, ví tristemente, por lo menos tres bandos: [1] periodistas sensacionalistas e imprudentes, [2] quejumbrosos de las calles, buses, conductores y las leyes vomitando trapos sucios y conjeturas, que emergían incluso antes de que pudieran sacar siquiera los cuerpos, y [3] los que, indignados por el amarillismo, comenzaron a chorrear su desazón, insultos, y su juicios. Pero todos y cada uno, alegan tener bases para su ‘denuncia’, por la libertad de expresión. Hubo pocos reparos en lo que la tragedia que realmente significó, por que nos fuimos en el guindo de la forma y el ‘fondo’.
No pretendo, anular derechos.‘Cada uno, cada uno’. Pero, quizás, quieran considerar que cuando la queja se hace un patrón, no solamente se aliviana el concepto de libertad de expresión, sino la seriedad con la que se nos tome. El llanto de un bebé, la acusetas de la escuela, la autenticidad de los Eminem’s o Calle 13’s, los Albinos Vargas, los Guevaras, la Glorias Valerínes. Todos inmunizan, y pasan. Estaremos haciendo de las redes sociales, un nuevo Zócalo?
Si hay, empero, consecuencias preocupantes de la queja: el fortalecimiento no del diálogo, sino del odio. Tengo que documentar lo que producen los comentarios de prejuicio, xenofobia, clasismo u homofobia? Recientemente, la victimización por el prejuicio que algunos religiosos han hecho, ha sido la base para que se genere en el mínimo de los casos, un concepto arcaico, caricaturizado, de cualquier persona con fe; promoviendo un prejuicio igualmente cegado, solo que con otro argumento. Título de la novela: Los ‘haters’ tambien crecen.
Todo lo que se hace al calor de una emoción fuerte, tiende a caducar pronto. La rabia, la indignación, hasta el amor romántico, son escobas que barren bien, solamente de nuevas en nuestra efímera pasarella de camotes. La longevidad que obtengan de las redes sociales, es tan pasajera como el sabor del mes. Si no cambian, los van a cambiar. Sugiero, con todo respeto, para nosotros y para todos aquellos precursores que lucharon por que nos expresáramos, pensar bien, cómo vamos a usar ese derecho.  Por que bien puede ser que cuando uno dice ‘yo tengo un problema, es que soy muy franco’ quienes realmente lo tengan, sean los demás; no por honestidad.
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20091110

Redes Antisociales



Imagen: www.infovark.com | Usada sin fines de lucro.

Quién se imaginaba la sociedad actual, sin Facebook o Twitter? O que serían protagonistas de fenómenos sociales tan fuertes? El terremoto de Sinchona, la crisis de Honduras, la muerte de Michael. Ahora nadie se imagina el mundo sin ellos, a menos que haya un mejor sucesor. El vertiginoso crecimiento de estos fenómenos sociales, y en lo que evolucionen o degeneren, hacen necesario que los que vivimos en esto, nos preguntemos cómo, por y para qué se usan. En especial, por que en este inmenso caldo de cultivo, no todos concuerdan que sirve para lo mismo. O no de la misma forma.

En su definición más básica, las redes sociales sirven, como su nombre sugiere, para conectarse. Pero: qué es conectarse para vos? Para algunos, es que lo que publiques sea leído, y no necesitan retroalimentación sobre si les gustó o no lo que se dijo. Buscaban tocar, no ser tocados. De este modo, el conectarse puede ser sencillamente emitir un parecer que genere reacciones, como un grafitti. Otros las conciben más interactivas: sugieren discusiones saludables, aunque a veces terminen en ataques frontales, que por cierto, no veo que lleven a ningún lado. No faltan los malos usos, que por cierto nos advierten de lo valioso que es ser discretos sobre cuánto nos exponemos. En internet, ‘todo lo que digas puede ser, y será usado en tu contra’. Vos: para qué las usás? Eso quiere decir que, las verdades en esto son maleables, y casi siempre relativas.

Igual que en las sociedades tangibles, las redes sociales tienen todo tipo de gente, apropiadae inapropiada (y dejo a tu paladar lo que concibas como tales). Y aunque personalmente manejo mi propio juego de regulaciones, ciertamente cualquiera que desapruebe lo que yo pienso está en su derecho, y viceversa. Lo cual nos lleva, a lo necesario de una mínima regulación; el establecimiento de un límite que debiera ser universal, sea cual sea nuestra línea: el respeto.

Si yo emito un comentario xenófobo, clasista, homófobo, o difamatorio, estoy irrespetando. Eso no debiera discutirse. Si yo ridiculizo, critico, o hago sarcasmos en contra de alguien, o su credo, o su filiación política, estoy faltando a la dignidad que por nacimiento todos debemos tener (no se trata de merecérselo).

Lamentablemente, he notado cómo recientemente en alas de la ‘libre expresión’, se violentan los derechos otros, por cierto de una cínica forma. En vez de decir ‘No me gusta que digas esto’, se tiran indirectas: ‘Me molesta cuando la gente habla de …”, o “El que usa seudónimos en Internet tiene problemas psicológicos”, o “Hay gente que me molesta por que está tratando de llamar la atención con sus mensajes”. Lo cual es por cierto propio de la idiosincrasia del tico (yo soy tico, por aquello…).

Deben gustar mis mensajes a todo el mundo? Tienen que ser todos los temas que habla cualquiera dignos de mi aprobación? Hay alguien que no tenga rollos psicológicos como para que tire la primer piedra? Y finalmente: si estamos escribiendo mensajes al aire para que cualquiera conteste: no es una forma de llamar la atención? Si a uno no le gustan los comentarios de otro. Por que no los ignoran? O bloquean? Por qué no les dicen a ellos? O por qué no los bloquean y ya? Qué hay si habemos quienes no nos importa que les moleste eso a ellos? Qué resuelvo yo con esa quejadera?

Paradójicamente, el surgimiento de las redes sociales parece dirigirse a un norte que yo no esperaba; en vez de una evidencia de expansión e integración, por ratos parece convertirse en una herramienta para ejercer nuestra agresividad pasiva. Para mofarnos de cualquier cosa, y descalificar, tal vez con la sensación de que al escribirlo oficialmente en el web, es como predicar a los cuatro vientos ‘he dicho, aguántese, sino salado’. Y ya no se tienen contactos, sino un auditorio electrónico que tiene que aguantar qué no nos gusta de los otros, con la misma hipocresía del intrigante que se come a los demás a las espaldas. Ingenuos y crecidos…No son buena mezcla.

No que no haya derecho a decir lo que nos disguste. Eso es libre expresión. De hecho usualmente, no me quejo y lo dejo ahí, por que quiero ejercer la tolerancia. Es solo que estamos demasiado cargados de Paquitas las del Barrio y de Marilyn Manson’s para seguir oyendo lamentándose a la gente. Para no caer en la misma hipocresía y decírtelo en la cara, si sientes que sos de este tipo y somos contactos el uno del otro, o no te gusta lo que digo o posteo. Podrías decirme qué no te gusta? Y si lo que dices no es para mí, podrías bloquearme y no cargarme? Si no lo hacés y pensás mantener tu línea editorial, entenderás por lo menos por qué la lejanía o el bloqueo.

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